Crítica de la película chilena El bosque de Karadima

Crítica de El bosque de Karadima: horror en primera persona

Hay películas que llegan a la cartelera para recordarte que el cine no es solo entretenimiento. En ese sentido, El bosque de Karadima es un balde de agua fría para la comodidad del espectador, un llamado de atención que no deja indiferente.

¿De qué se trata El bosque de Karadima?

La película cuenta uno de los hechos reales que más ha escandalizado a la sociedad chilena en los últimos años: el caso Karadima. El sacerdote Fernando Karadima (Luis Gnecco) fue considerado casi un santo durante años. Desde su parroquia, El Bosque, se desempeñaba como guía espiritual de la clase alta de Santiago y también recibía jóvenes con aspiraciones sacerdotales.

La película cuenta esto desde la visión de un joven Thomas Leyton (Pedro Campos), quien se debate entre la carrera eclesiástica o la Medicina y se convierte en víctima de los abusos físicos y psicológicos de Karadima durante 20 años, hasta su etapa adulta (aquí interpretado por Benjamín Vicuña), cuando junto a su esposa Amparo (Ingrid Isensee) decide hablar con un sacerdote que escucha su denuncia.

Crítica de la película chilena El bosque de Karadima
Primer Plano

El bosque de Karadima tiene un inteligente uso de la tensión: primero es la perversión latente, a punto de estallar, y luego, la espera de salvación. ¿Podrá Leyton salirse de las redes del cura? Porque no se trata solo del abuso sexual, sino de la asombrosa manipulación psicológica de Karadima. También hay escenas del abuso físico y sí, chocan. Pero no podrían no chocar. Eso pasó y no hay muchas otras formas de verlo sin un golpe violento.

Lo mejor de El bosque de Karadima

Es cierto que probablemente no veas igual la película si sos chileno (y sabés bien del caso real) que si sos de otro sitio, donde como mucho habrás escuchado algo al pasar. En todo caso, es de esas películas para darse cuenta, para ver una realidad atroz que puede estar pasando a la vuelta de la esquina.

Luego de «En Primera Plana», este film presenta el abuso desde el otro lado de la historia: vemos a la víctima y al victimario en cada paso, desde la más cruda intimidad. Además, el director Matías Lira eligió contar la historia con flashbacks y aunque maneja varios tiempos distintos, la película se logra entender perfectamente.

Otra de las cosas que no quiero dejar de destacar de «El Bosque de Karadima» es la magnífica actuación de Luis Gnecco como el sacerdote abusador. Es perfecta, milimétrica, aterradora, perturbadoramente creíble. Por su parte, Benjamín Vicuña logra hacer lo suyo con una composición parca, contenida, de alguien a punto de explotar que no explota.

Crítica de la película chilena El bosque de Karadima
Primer Plano

El bosque de Karadima es una película bien contada, con buena realización y que tiene la inteligencia de pararse en el lugar indicado. Dijo su director: «Esta no es un película contra la Iglesia, al contrario, muchos sacerdotes me ayudaron de forma anónima. Fueron 4 años de lucha para sacar este proyecto adelante. Es fundamental que estos abusos se materialicen cinematográficamente, que la sociedad no olvide, se sensibilice y ojalá que se empodere. El cine es más que entretención». Y te sumo un dato: fue la película chilena más vista en su país en 2015.

Difícil quedar indiferente al ver El bosque de Karadima: fuerte y perturbadora, pero necesaria.

Duración: 98 minutos
País: Chile
Año: 2015

 

1 comentario sobre «Crítica de El bosque de Karadima: horror en primera persona»

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