Critica de Historias mínimas de Carlos Sorin

Historias mínimas: la road movie made in argentina

Historias mínimas fue un inesperado éxito de taquilla, con comentarios positivos tanto de la crítica como del público, recibió galardones en San Sebastián y La Habana. ¿Más? Fue elegida Mejor Película Extranjera en los Goya de 2004. Pero toda esta rimbombancia poco tiene que ver con el relato de Historias mínimas.

De qué se trata Historias mínimas

El viaje es uno de los recursos narrativos más frecuentados por el cine. El protagonista recibe una misión y debe sortear diversos obstáculos para alcanzarla. Al llegar a destino, se da un duelo final en el que el héroe logra su objetivo o pierde.

Don Justo es un anciano que pasa sus días a la vera de la ruta, en la puerta del almacén de ramos generales de su hijo. Pero algo le falta: su perro, ‘el mala cara’, escapó y parece que lo han visto en San Julián. Don Justo decide ir hasta esa ciudad a buscar a su perro. María es una joven madre que envía una carta a un programa de televisión local y es convocada para participar por el premio mayor: una multiprocesadora. Junto a su pequeña bebé viajará a San Julián para participar del concurso. Roberto es un viajante de comercio que va a San Julián para visitar a una joven viuda a la que quiere conquistar. Como el hijo de ella cumple años, decide llevarle una encantadora y particular torta de regalo.

Tres historias de viaje. Tres viajes de búsqueda. La edad, la falta de recursos, la inseguridad son algunos de los enemigos de estos personajes. Recorridos físicos que inevitablemente implican un viaje interno, a la profundidad del ser que late con más fuerza en soledad.

El estilo neorrealista

Cuesta pensar Historia mínimas con rostros famosos. Los actores no profesionales son la elección neorrealista de Sorín, también los escenarios naturales, también las pequeñas historias cotidianas. Hay mucho de neorrealismo italiano (interesados en el tema pueden ver «Paisá» de Rossellini).

La Patagonia, específicamente la zona este de la provincia de Santa Cruz, resulta el escenario ideal para tres personajes que están solos en el mundo. Enorme, despojada, hasta monótona, la zona más despoblada del sur argentino es un espacio distinto que recuerda el encanto de lo simple. Un espectador, en su mayoría urbano, que descubre un silencio que aturde, una calma que agobia. Una vida simple, sin psicoanálisis, sin shoppings, sin relojes, sin asfalto. No más fácil, pero quizás más feliz. Por esto, la película podría ser una excusa para mostrar los paisajes patagónicos, pero Sorín logra no caer en la tentación y se centra en lo que importa: contar una historia, o tres, que valen la pena. Sí, esos seres olvidados, comunes, sencillos, cotidianos también tienen algo que contar.

Historias pequeñas, de aparente intrascendencia, situadas a las antípodas de Hollywood y de cualquier espectacularidad. Cine argentino de autor que logra conquistar al público y llenar las salas: el milagro a veces sucede. Historias mínimas es una pieza artesanal para no perderse.

Los actores de Historias mínimas

  • Javier Lombardo (Roberto) es la única cara conocida del elenco. Conocida, sí, pero no archifamosa. Gran actor en un trabajo magnífico.
  • Antonio Benedictis (Don Justo) es un ex -mecánico jubilado. Se luce pícaro y absolutamente encantador.
  • Javiera Bravo (María) es una profesora de música de Santiago del Estero que logra en su debut actoral encarnar a esta mujer impecablemente. Inocencia, simpleza y una mirada tan real. María es real.
  • Julia Solomonoff (Julia) es la joven que recoge a Don Justo en la ruta. Directora de cine (dirigió «Hermanas») pero no actriz. Le salió más que bien.

Duración: 92 minutos
País: Argentina
Año: 2002

*Este artículo fue publicado originalmente en Suite101.net el 3/7/2013

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