El jueves pasado se estrenó en Argentina Quizás es cierto lo que dicen de nosotras, una película chilena que se basa en un caso que conmocionó a la sociedad chilena unos años atrás. La dirección estuvo a cargo de Sofía Paloma Gómez y Camilo Becerra y es protagonizada por Aline Kuppenheim, Camila Milenka y Julia Lübbert.
De qué se trata Quizás es cierto lo que dicen de nosotras
El caso en cuestión es el de la secta de Colliguay “Antares de la Luz”, la cual se vio bajo la lupa cuando se descubrió que habían matado a un recién nacido como parte de un rito en el año 2013.
Aunque la película no deja de lado el caso y nos da pinceladas de la vida en esa comunidad, busca un enfoque diferente, más centrado en la relación entre Tamara y su madre Ximena, una exitosa psiquiatra. Podemos ver cómo reaccionan ante los hechos, tanto ellas dos, el resto de su familia, como los padres de los otros jóvenes involucrados e incluso la sociedad misma.
La cinta se cuestiona ciertas decisiones, ¿qué hacer ante algo así? ¿Qué haría una madre por su hija? ¿Dónde está el límite entre víctima y victimaria?

Quizás es cierto lo que dicen de nosotras, según sus directores
Para hablar más sobre esta producción, tenemos las palabras de sus directores, quiénes nos concedieron una entrevista:
¿Cómo llegaron a esta historia?
Cuando nos enteramos de la noticia, lo que nos sorprendió, al igual que a todo Chile supongo, fue lo absurdo que sonaba todo y lo horrible del crimen. Nos llamó la atención el trasfondo de delirio místico que en ese momento los medios asociaban al satanismo. Había algo aterrador en la forma en cómo las noticias en Chile hablaban del caso y las imágenes que retrataban a un líder carismático que parecía sacado de otro lugar alejado, muy diferente a nuestra realidad cotidiana. En ese momento, nosotros estábamos intentando hacer un documental sobre la delgada línea que separa el coaching espiritual del universo sectario. El tema de las sectas nos interesaba mucho y estábamos buscando la manera de abordarlo. Nos tomó un tiempo decidir vincularnos con el caso de Colliguay. Comenzamos a investigar más, leímos todos los libros que se publicaron sobre el caso, y comenzamos a entender que el elemento místico de esta secta no guardaba relación con el satanismo, cosa que no nos habría parecido interesante, sino que se trataba por el contrario de un grupo de jóvenes muy católicos, formados sobre la base de esa ideología, que creían haber conocido a dios y con ello estar en condiciones de salvar al mundo de las fuerzas demoníacas. También investigamos sobre control mental destructivo, que es un elemento clave de cómo operan las sectas.
¿Qué los llevó a querer realizarla?
Mientras más indagábamos en el caso, más surgía en nosotros la necesidad de hacer una ficción, de alejarnos de la realidad concreta del caso y fabular sobre lo que la irrupción de lo siniestro significa en el entorno íntimo de una familia. Quisimos situarnos en el corazón de una familia de clase acomodada que debe enfrentar la irrupción de lo ominoso, de lo innombrable. No quisimos mostrar la secta en sí misma, cosa que nos parecía y nos sigue pareciendo algo irrepresentable, sino plantearnos desde el espacio cotidiano. Entender que la secta no está lejos, sino que convive con nosotros en las sombras, forma parte de nuestro universo social. Ahí está el verdadero desafío, en hacernos cargo como sociedad de nuestros propios demonios. La figura del líder era la que menos nos interesaba y fue mucho más importante para nosotros especular, plantear preguntas en torno a ¿por qué alguien de una familia acomodada ingresa y permanece en una secta? Pensamos que quizás la respuesta se vincula a una profunda búsqueda de sentido que termina torciéndose y despertando la oscuridad que está dormida, o escondida debajo de la alfombra.
La forma en que está enfocada la historia tiene una mirada que podría considerase diferente. ¿Por qué se tomó ese enfoque?
A nosotros nos fascinaba la idea de estar inmersos en una intimidad, en las cuatro paredes de una casa, de una familia, en donde algo impronunciable conecta esas relaciones, algo que parece estar por todos lados pero que nadie pone en palabras, un horror sin nombre, fuera de campo. Queríamos estar toda la película en ese lugar, pero fue muy complejo, por eso intentamos salir lo menos posible, siempre desde la mirada de unos pocos personajes que intentan descifrar qué ocurrió, cómo y quién es responsable de lo que sucede, al igual que nosotros, al igual que las y los espectadores. Sabíamos que había cosas que no nos interesaban, como por ejemplo mostrar la secta y a su líder, sencillamente no nos parecía viable ni interesante. Queríamos trabajar con lo no dicho, invitar a las y los espectadores a sacar sus propias conclusiones y crear sus propias imágenes del horror. Por eso tanto la fotografía como el sonido y el montaje, trabajan lo atmosférico y lo inquietante, en tono casi de thriller o de terror. A contrapelo de eso, las actuaciones intentamos que fueran realistas y viscerales.
¿Qué fue lo más atrayente de esto y cómo fue el proceso?
Esta es nuestra primera experiencia de coproducción y fue genial. Estuvimos varios años trabajando en el guion, en los personajes, en la trama y en todas las preguntas que queríamos plantear en la película. Todo ese trabajo de escritura era un diálogo permanente entre nosotros, también con las y los productores, pero bastante solitario en general. Cuando comenzamos el trabajo de preproducción y luego el rodaje y comenzaron a sumarse el resto de los colegas chilenos y argentinos fue genial como todo lo que estaba dormido en el papel comenzó a cobrar vida. Nosotros creemos que el cine es un arte colectivo y es impresionante el aporte enorme de todo el equipo bi nacional. También fue genial toda la etapa de montaje junto a Valeria Racioppi, todo un aprendizaje. La postproducción la hicimos íntegramente en Argentina y fue maravilloso venir permanentemente a Buenos Aires para ir cerrando todos los procesos.
El casting fue fundamental también, todo el proceso actoral. Siempre tuvimos en mente a Aline Kuppenheim, somos admiradores de su trabajo y la invitamos a participar desde antes de tener una primera versión del guion. El personaje está escrito para ella; sus gestos, su expresión, todo estaba desde el guion. Luego en el rodaje, Aline le imprimió una profundidad que nos sorprendió. Fue siempre muy fluido el dialogo con ella, fue ir encontrando el tono de la actuación, ir modulando eso. Con Camila Milenka, trabajamos intensamente en la construcción del universo interno del personaje. Fue distinto el dialogo con ella, lo que hicimos fue investigar juntos al personaje, ensayar y construir escenas que no estaban en el guion, que tenían que ver con las vivencias anteriores del personaje y luego llevábamos todo eso al set de rodaje, cuando era necesario ingresar a los momentos más ominosos del universo íntimo del personaje. La actuación es fundamental para nosotros, le dedicamos mucho trabajo a todo ese universo, cada personaje representa una arista clave y todo debía estar en el mismo tono de actuación. Fue un gran desafío.
Sobre Quizás es cierto lo que dicen de nosotras
La película que recientemente obtuvo un reconocimiento en el Festival de Cine de San Sebastián tuvo su estreno en Argentina el pasado 11 de julio en el Cine Gaumont. Dicho festival la seleccionó para la sección “Horizontes Latinos”, categoría donde se eligen a largometrajes del año, inéditos en España, y que fueron producidos total o parcialmente en América Latina, que cuenten con directores de origen latino, o que tengan por marco o tema comunidades latinas del resto del mundo.
Quizás es cierto lo que dicen de nosotras
Duración: 94 minutos
País: Chile / Argentina
Año: 2024
Autor: Estefanía Figueroa
