Crítica de Anomalisa: el animado universo de Charlie Kaufman

No es común ver una película por su guionista, por eso me gusta recalcar esto cuando hablo de una película escrita por Charlie Kaufman. Pocos guionistas trascienden y logran una identidad tan propia cuando no son también los directores de sus films (ej: casos como Woody Allen o Quentin Tarantino no cuentan porque primero son directores). Pero Charlie Kaufman logró imponerse como guionista y después pasó a gritar ¡Acción!

Por esto, lo distintivo de sus películas no pasa tanto por la estética, sino por su visión del mundo. Y esto se da en el delirio fílmico que fue «Being John Malkovich» como en «Anomalisa», su reciente film de animación, codirigido con Duke Johnson. Esto se hace evidente por un algo que experimenté mientras la veía: ante una película de stop motion, la técnica parece estar primero. Es un guión al servicio de lo técnico. En «Anomalisa» esto no sucede. Los primeros minutos mirás el muñequito, los escenarios, las asombrosas expresiones faciales de este falso humano, pero al rato eso queda atrás y lo que importa es la historia. Ese, sin dudas, es uno de sus grandes méritos. Está basada en una obra de teatro que escribió Kaufman y se nota: el relato es animado, pero bien podría haber sido contado con actores de carne y hueso.

Otra cosa curiosa que me pasó al ver «Anomalisa» es que no entendía qué pasaba con las voces. Las mujeres hablaban con voz de hombre, había algo que no tenía sentido. Hasta que caes. ¿Vieron cuando John Malkovich se mete en su propia mente y todos son él? Bueno, algo de esa idea persiste. Solo hay tres voces en «Anomalisa». La del protagonista, Michael Stone (un apático conferencista desencantado del mundo), la de Lisa (una admiradora de Stone) y el resto de los personajes, todos, incluidos mujeres y niños con voz de hombre adulto. En el mundo de Michael Stone todos son lo mismo, son rostros con la misma esencia (o ninguna), fotocopias unos de otros, inexpresivos, creados en masa. Excepto una anomalía… Lisa. Anomalisa. Ella es la única distinta.

Charlie Kaufman no es pesimista, yo diría que es desencantado. Hay una cierta resignación, como queriendo decir que el mundo apesta la mayor parte del tiempo, excepto por ráfagas de aire fresco destinadas a esfumarse. Tal es su visión del amor en «Eterno resplandor de una mente sin recuerdos», por ejemplo. 

Dicho esto: «Anomalisa». El comienzo puede resultar lento, pero no es un error de ritmo, sino una decisión de estilo. Lo que se cuenta, una noche de hotel del conferencista Stone en Cincinnati, no puede ir rápido. Es la carta de presentación de un mundo sin emoción, casi sin esperanza. No habrá grandes sobresaltos, sí algo de humor, mucho de apatía. ¿Amor? Un poco o mucho, depende de cómo se lo defina. Incluso habrá sexo bastante explícito y es un momento extraño porque… ¡no es gente real!

«Anomalisa», entonces, no es una película para todo el mundo. Te tiene que gustar Charlie Kaufman. Aun con animación, es un film con una clara crítica hacia el mundo, al que de forma sutil acusa de uniforme, chato, producido en serie, donde ser diferente puede ser una bendición o una desgracia: la vida misma.

Duración: 90 minutos
País: Estados Unidos
Año: 2015

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