Crítica de ‘Una Buena Receta’: una cena con Bradley Cooper

Era lo único que le faltaba a Bradley Cooper: cocinar como los dioses. De eso se trata «Una buena receta», la nueva película que lo tiene como un talentoso chef que luego de recuperarse de sus adicciones vuelve a Londres para intentar reflotar su carrera y obtener su tercera estrella Michelin.

En plena época de estrenos que compiten por el Óscar, «Una buena receta» puede desentonar un poco, pero no por mala, sino porque es una película para pasar el rato.
Entretiene, deleita con imágenes gastronómicas, deleita con Bradley en pantalla (y si…), cuenta una historia redonda y cumple. No es una película con grandes pretensiones pero cumple las que tiene.
En su simpleza, el film de John Wells tiene algunos baches narrativos y clichés (por ejemplo, la típica escena del galán que se saca la camiseta porque está herido y la chica lo cura), pero ha habido peores.
Bradley no puede escaparle al galán y hace bien su rol, sin ir más allá de lo que una historia simple requiere. Ah, eso sí: ¡que bonito escucharlo hablar francés! Bueno, y verlo, claro está… en el fondo eso es el 80% de la película. El centro de todo es Bradley Cooper y alcanza con ver el afiche para darse cuenta: lo que vende la película es su estrella, ni mucho más ni mucho menos.
Se destaca también Sienna Miller como la única chef mujer del equipo y lógico interés amoroso del protagonista, junto a Daniel Brühl y Matthew Rhys aportando buenas pizcas de comedia. También trabaja Emma Thompson como una perfecta inglesa y Uma Thurman hace un rol menor pero encantador.
Así que, sobre «Una buena receta»: simple, simple, simple. ¿Eso es malo? No, pero quizás le baja puntos en época de grandes estrenos.
 
Título: Burnt
Duración: 101 minutos
País: Estados Unidos
Año: 2015
Imagen: Shiny Penny Productions

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