Crítica de Dos días, una noche: cine francés en estado puro

«Le gusta el cine francés». Suena cool. Suena intelectualoide. Suena a persona rara, solitaria, que va contra la corriente abriéndose paso entre filas multitudinarias de espectadores con pochoclo en mano. Es como que hay que ser un poquito cinéfilo para ver cine francés. Para mí, es puro prejuicio. Estamos acostumbrados al ritmo y la forma de pensar de Hollywood, y salirse de eso cuesta.

Entonces tenemos Dos días, una noche que es una clásica película francesa (coproducción con Bélgica, en este caso). Es todo eso que es el cine francés. Tampoco voy a caer en generalizar: no todo lo que sale del país galo es igual. Peeeero, hay una forma de ver el cine.

¿De qué se trata?

La cosa es que la chica Marion Cotillard, probablemente uno de los rostros más bellos y talentosos que exportó Francia a la cinematografía mundial en los últimos años, se saca todo el maquillaje, deja que se le note el frizz y se clava una sencilla musculosa con jeans. Adiós al glamour. Fascinante.

Cotillard encarna a una madre de familia que está recuperándose de una crisis depresiva y cuando está por volver a la fábrica donde trabaja se surge una disyuntiva. Toda la hora y media de película girará en torno a un planteo bien simple: sus compañeros de trabajo deben optar entre un bono de 1000 euros o que ella mantenga el puesto. Ya votaron el viernes por el bono pero Marion y una amiga convencieron al jefe de realizar una nueva votación. La chica tiene el fin de semana (dos días, una noche) para convencer a sus colegas de que elijan preservar su puesto y renuncien al bono.

Que bello es el cine en francés

Sí, podría ser el argumento de una película independiente yanki. Pero hay algo que para mí es lo que la hace tan francesa: la postura ante el mundo. Dos dias, una noche no es una película optimista. Es, más bien, una película realista. Y eso no implica una visión pesimista del mundo. No vas a salir del cine con esa sensación. ¿Por qué? Porque ser realista no necesariamente implica ser oscuro o negativo, solo implica parecerse más a la vida real. Ahí es donde Dos días, una noche brilla. Es real, es humana. Es cruda, si, sencilla. pero sobretodo «es». Me lo creo.

Podría definirse como una road movie caminada. ¿Una street movie? Algo así. Camina, camina, camina… golpea puertas, toca timbres… ¿Aburrida? Ni un poco. Claro, si te gustan las de acción, quizás no te guste, pero a mi me pareció fantástica. Porque hace todo con nada. ¿Bono o mantener el trabajo de una compañera? Es un recorrido por el debate ético de cada uno de los trabajadores pero sin moralina, porque es francesa. Un si, un no. El peligro de volver a caer en depresión. Es eso, sin más, sin menos. Y con esta casi nada, te mantiene ahí en vilo esperando a ver si Marion logra que no la despidan.

Dos días, una noche, dirigida por los hermanos Dardenne, engancha, así que dale una oportunidad al cine francés.

Título original: Deux jours, une nuit
Duración: 95 minutos
País: Francia, Italia, Bélgica
Año: 2014

El dato: La chica Marion Cotillard, que ganó el Óscar por Piaf, estuvo nominada al Óscar por esta película. Se pone la película al hombro y la sostiene todo el tiempo ella. Gran trabajo 🙂

Imagen: Les films du fleuve

1 comentario sobre «Crítica de Dos días, una noche: cine francés en estado puro»

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